Agotados y sin hablarnos, hicimos el viaje hacia la Argentina. Los dos equipos mantuvimos nuestras distancia durante el vuelo, un poco por respeto y otro poco por los guardias de seguridad que llevó el Maçanet. Férreos españoles alimentados a paella y tomatinas, impenetrables como la mejor defensa y violentos como el más rústico de los mediocampos. Donde iba el Maçanet iban los hombres de seguridad. Hay que admitir que los contemplábamos con algo de asombro, un poco de admiración y bastante envidia.
Llegamos a la Argentina y fue inevitable, durante el viaje del aeropuerto al club, hacer las veces de guía turísticos improvisados: que eso es un kiosko, que aquello es el riachuelo, que eso que viene ahí es un piquete, que "sí, sí, no se asusten, nos están robando".
Lógicamente el Maçanet llegó a nuestro club un tanto inquieto y preocupado. No por el partido que en breve se disputaría, sino por pensar que en un par de horas iban a tener que hacer el mismo trayecto hasta el aeropuerto y solos.
Adalberto Centrángolo había estado preparando desde el día anterior una paella para agasajar a los invitados y un poco con las esperanza que les patee el hígado y el Minerva les pueda ganar.
Los últimos ahorros del club desaparecieron en el supermercado comprando los mariscos, el arroz y el azafrán.
Los españoles dieron cuenta del almuerzo con sendos vasos de vino. Centrángolo sufría porque estaba pensando vender lo que sobrara en el buffet al día siguiente, pero los jugadores del Maçanet no dejaron rastro de la paella. Por lo que dijeron, no les gustó un carajo; pero venían sin comer desde hacía un par de días por un problemita gremial que había en Galicia.
Arrancó el partido con ambos equipos dispuestos a dar todo por la victoria. Un partido con sabor a revancha para el Minerva y con sabor a azafrán para el Maçanet (parece que Centrángolo condimentó demasiado la paella y eso les pegó feo a los gallegos).
Christián Ruiz dio una estocada digna del más bravo de los toreros a los 31 minutos. El Minerva, incrédulo, miraba al baldío banco de suplentes buscando una explicación. Jamás llegó.
A los 41 minutos, El Matador Bastian llegó solo a la puerta del área y con mucha calidad remató al arco. Afortunadamente la pelota no entró, ya que Bastian remató contra nuestra propia valla.
Sus compañeros le comentaron cómo eran las cosas, que ahora sí puede meterle goles al contrario porque estábamos en casa. Y para reforzar el concepto, le dieron una pequeña paliza. Esta vez sin disimularla.
Fue suficiente, para que a los 45 minutos Bastian anotara el empate.
Los embates del Maçanet Parc siguieron constantes, uno tras otro como fila de locos, pero sus delanteros estaban tan maltrechos por la paella que tiraban la pelota a cualquier lado.
El Minerva seguía insistiendo con un Bastian obstinado. Y dio sus frutos: a los 76 minutos coronó su actuación conviertiendo su segundo gol y sentenciando el 2 - 1 final.
Con un partido para cada uno terminó el primer encuentro internacional del Minerva. Nada despreciable, sobre todo porque la propina del almuerzo la dejaron en Euros.
La finanzas del Minerva están en paz.
Llegamos a la Argentina y fue inevitable, durante el viaje del aeropuerto al club, hacer las veces de guía turísticos improvisados: que eso es un kiosko, que aquello es el riachuelo, que eso que viene ahí es un piquete, que "sí, sí, no se asusten, nos están robando".
Lógicamente el Maçanet llegó a nuestro club un tanto inquieto y preocupado. No por el partido que en breve se disputaría, sino por pensar que en un par de horas iban a tener que hacer el mismo trayecto hasta el aeropuerto y solos.
Adalberto Centrángolo había estado preparando desde el día anterior una paella para agasajar a los invitados y un poco con las esperanza que les patee el hígado y el Minerva les pueda ganar.
Los últimos ahorros del club desaparecieron en el supermercado comprando los mariscos, el arroz y el azafrán.
Los españoles dieron cuenta del almuerzo con sendos vasos de vino. Centrángolo sufría porque estaba pensando vender lo que sobrara en el buffet al día siguiente, pero los jugadores del Maçanet no dejaron rastro de la paella. Por lo que dijeron, no les gustó un carajo; pero venían sin comer desde hacía un par de días por un problemita gremial que había en Galicia.
Arrancó el partido con ambos equipos dispuestos a dar todo por la victoria. Un partido con sabor a revancha para el Minerva y con sabor a azafrán para el Maçanet (parece que Centrángolo condimentó demasiado la paella y eso les pegó feo a los gallegos).
Christián Ruiz dio una estocada digna del más bravo de los toreros a los 31 minutos. El Minerva, incrédulo, miraba al baldío banco de suplentes buscando una explicación. Jamás llegó.
A los 41 minutos, El Matador Bastian llegó solo a la puerta del área y con mucha calidad remató al arco. Afortunadamente la pelota no entró, ya que Bastian remató contra nuestra propia valla.
Sus compañeros le comentaron cómo eran las cosas, que ahora sí puede meterle goles al contrario porque estábamos en casa. Y para reforzar el concepto, le dieron una pequeña paliza. Esta vez sin disimularla.
Fue suficiente, para que a los 45 minutos Bastian anotara el empate.
Los embates del Maçanet Parc siguieron constantes, uno tras otro como fila de locos, pero sus delanteros estaban tan maltrechos por la paella que tiraban la pelota a cualquier lado.
El Minerva seguía insistiendo con un Bastian obstinado. Y dio sus frutos: a los 76 minutos coronó su actuación conviertiendo su segundo gol y sentenciando el 2 - 1 final.
Con un partido para cada uno terminó el primer encuentro internacional del Minerva. Nada despreciable, sobre todo porque la propina del almuerzo la dejaron en Euros.
La finanzas del Minerva están en paz.


3 comentarios:
Otro gran relato lord!! ese bastian no tiene precio!!! pero como, tuvieron pagar para comer?? no les invito la casa?!??!! q barbaro! u_u
muy creativo!!!
JF, por supuesto que invitó la casa. Pero con la compra de ingredientes quedamos tan en rojo que nos vimos obligados a comentarles a los españoles que en Argentina no se agradece con un "Muy rica la comida", sino algo de dinero. El perro Toledo fue el encargado de recolectar las propinas... porque nosotros no tocamos dinero.
Muchas gracias Rockpaltata!
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