sábado, 15 de septiembre de 2007

Chanfle!

Si bien es la segunda vez que los jugadores viajaban al exterior, los nervios por el vuelo eran evidentes. Fidel Mateus empezó con su acostumbrada diarrea, Roberto Manny mandaba mails de manera compulsiva a todos sus familiares despidiéndose (de la vida), Igor Benet llamó 32 veces al celular de los dirigentes del Inter FC pidiendo que lo convoquen nuevamente. Jamás lo atendieron.

El avión llegó al Aeropuerto Internacional de Guadalajara sin mayor problema. El personal de la aerolínea se encargó muy eficientemente de los ataques de pánicos de los jugadores del Minerva repartiendo calmantes por aquí e inyecciones de sedantes por allá.
Guadalajara nos recibió con los brazos abiertos y un sol digno de ser dios. Y ahí estaba el Minerva, el mismo club de paredes con humedad y perros vagabundos como mascotas en el país de Cantinflas, el Chavo y Julieta Venegas. También la tierra donde Argentina, en 1986 levantó la Copa del Mundo por segunda vez.
No habíamos terminado de vaciar la valijas en el hotel cuando vimos a Eguzki parado en el trampolín de la pileta del hotel al grito de: "Miren, miren! soy un clavadista!". Acto seguido saltó haciendo una graciosa pirueta y cayendo como gacela. Desafortundamente Eguzki no tomó en cuenta que los clavadistas son de Acapulco ni que la pileta estaba vacía. La contusión cerebral lo dejó fuera del encuentro y se perdió también las excursiones.

Diezmado el plantel llegó al estadio del Jóvenes Aztecas F.C., un equipo de 3era. división con un estadio digno de la disputa de un Mundial (quizás no tanto, pero el hecho de estar en otro país nos hacía ver las cosas con un asombro muy típico del turista).
Tan entusiasmados como cada vez que los jugadores tienen un encuentro en el exterior salieron a la cancha. Con el pecho inflado de representar, aunque muy poco, a la Argentina. Por ese motivo, durante los 90 minutos los muchachos del Minerva se dedicaron a bailar el tango en el mediocampo, hacer una pequeña estafa en un corner e invitar con dulce de leche a una adorable señorita de la platea.

No sabemos bien qué fue, si la pequeña estafa o el galanteo a la señorita; lo cierto es que algo irritó a Cesar Clemencin y tuvo una reacción desmedida ante un caño que le tiró Aurelio Llorienzo. Clemencin se llevó una tarjeta amarilla y Llorienzo una colonoscopía sin anestesia.

El partido fue áspero a partir de ese momento. El Minerva dejó de dar muestras de argentinidad y se empeñó en dar muestras de buen fútbol. Pero no lo logró. Lo más cercano a buen fútbol que destiló el Minerva fue una chilena de Teodoro Kinsen. Lamentable fue que en lugar de darle a le pelota, le diera en el marote a un jugador del Jóvenes Aztecas. Al ver al contrincante desmayado aludió que se había tirado y con disimulo trató de limpiar rápidamente la sangre de su botín derecho. El árbitro no compró y Kinsen se llevó una amarilla.

A los 62 minutos, el Jóvenes Aztecas se puso en ventaja con un gol de media cancha de Eugenio Benet (se sospecha que es hermano de Igor Benet, pero no se quiere hacer cargo). El Minerva, para no perder la costumbre va perdiendo el partido.
Pero también, como de costumbre, siguieron intentando irse con el orgullo intacto. Éso no siempre lo logran. Pero en este caso se ve que Tláloc, dios mexicano de la lluvia, anduvo con ganas de hacer agua la fiesta del Jóvenes Aztecas y por eso José Pedro Romero pudo convertir la igualdad a los 84 minutos.

El pitazo de los 90 minutos llegó, y con él una gran corrida de los jugadores hacia los vestuarios. No porque la hinchada de ambos equipos haya invadido el campo de juego, sino porque se había alquilado la cancha para hacer una corrida de toros y ya se escuchaban patear las puertas.

En el aeropuerto, esperando el avión de regreso, Fidel Mateus encontró una nota que le llamó la atención. El Minerva había tenido su segunda nota en un diario, y esta vez en uno in-ter-na-cio-nal! Este equipo no gana en la cancha, sino en sorpresas. Gracias al peridista Alejandro Lozano por el recorte.






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