Subestimar al rival nunca está bien. Y no por asuntos de ética, honor o respeto. Sino porque hay altas probabilidades de salir seriamente perjudicado. Desde salir con un diente menos a no alcanzar el puesto de gerente; desde perder una falta envido hasta encontrar en la puerta de tu casa una lengua de vaca envuelta en clavos con velas y especias. O peor, incluso, perder el segundo puesto en la tabla de posiciones.
Pero el hombre es débil y cae fácilmente en la tentación de mirar por arriba a aquellos que no demuestran resistencia y decirle improperios a esa mina que aparentemente no está con el novio.
Y así, con una actitud beligerante y soberbia fue que se armó el equipo para disputar el partido de liga contra el Il Mato FC. Poseedor indiscutido del último puesto de la tabla de posiciones con 10 partidos perdidos, 3 empatados y ninguno ganado. 39 goles recibidos en 13 partidos. Y como si ésto fuera poco, un nombre cocorito como chumbido de pequinés. Ante esta situación, el Minerva salió a matar. A darle la estocada de gracia a este equipo que está más lejos de la punta que de la natación sincronizada.
Así fue como el Minerva se plantó en la cancha con una figura ofensiva, agresiva y díscola. Pero, como anticipando un final con inconvenientes, lo primero que hicieron los jugadores cuando salieron del túnel, fue patearle la rodilla a un asistente de Il Mato y hacerle puente chino a dos hinchas locales.
A los 5 minutos Fermin Lartaum puso el 1 - 0 para el Minerva.
El cuerpo técnico lo llamó inmediatamente a Carambatta para decirle que se viniera, que esta vez el Minerva iba a dar un espectáculo. Carambatta se excusó diciendo que no quiere más lola; que el médico le ordenó reposo absoluto, hasta que se recupere completamente del pequeño shock nervioso que sufrió luego de perder los ahorros del club apostando por el Minerva.
Tal era la alegría de los jugadores que intentaron emular a los Harlem Globetrotters y divertir a los hinchas con maravillosas piruetas. Así fue como vimos a Fermin Lartaun haciendo jueguitos con las rodillas, a Justo Che haciendo cabeza y a Joel Bastian haciendo empanadas cerca del banco de suplentes.
Después de 10 minutos de hacer estas joditas, pero no meter un gol ni por casualidad, la gente de la hinchada se empezó a impacientar y manifestar su disconformidad arrojando sus medias al campo de juego.
A todo esto, Il Mato estaba dale que dale tirando al arco y volviendo loco al arquerito Mateus (que dicho sea de paso, el "arquerito" tiene 24 años bien plantados... así que tranquilamente podemos llamarlo "arquerudo").
Pero a los 33 minutos, Silvestre Bernat del Il Mato esquivó a Leopoldo Cordarrel que estaba haciendo malabares con las canilleras y sentenció con su gol, no sólo el empate, sino un infarto de miocardio al entrenador del Minerva.
1 - 1 estaba un partido que estaba ganado desde el vestuario, un partido que se ganaba con sólo gritar un poquito fuerte.
Llegaron los 45 minutos de rigor, enviando a los jugadores a los vestuarios.
La charla que tuvo el cuerpo técnico con el Minerva es algo que no va a poder quedar plasmado en este panfleto (no por confidencialidad, sino porque básicamente eran puteadas lisas y llanas), pero lo que sí se puede decir es que el equipo salió a la cancha con la decente actitud de ganar y dejarse de joder.
Il Mato estaba caliente como pava de lata y no paraba de patear (lastimosamente) hacia nuestro arco y el Minerva no podía conectar un pase. Pese a las bajas temperaturas, los técnicos transpiraban copiosamente.
Roberto Manny parecía estar ajeno al partido y seguía haciendo vueltas carnero por la cancha, con tanta mala suerte que en una de sus acrobacias le dio de lleno con la cabeza al poste.
Entre la conmoción cerebral con la que salió Manny de la cancha y el hecho que en su lugar haya ingresado el juvenil debutante Damaso Barrionuevo, no sabíamos si pegarnos un tiro en los dientes o en las pelotas.
Eran 53 minutos y el panorama era desolador: un jugador lesionado, un reemplazo útil como una llave inglesa en un taller de ferromodelismo y un equipo contrario que estaba encendidísimo por la expectativa que le daba la cercanía de su primer victoria.
Mateus la pasó feo. Manny la pasó peor, porque apenas se despertó del porrazo que se dio, fue desmayado nuevamente por un certero derechazo del entrenador.
Y apareció ÉL. EL MAESTRO. EL MAGO. EL ÚNICO. EL MATADOR BASTIAN. Era el minuto 59 cuando medio sin querer, Joel Bastian metió el 2do. gol para el Minerva.
Exeptuando el gol de Maradona a Grecia en el ´94 o el consagrado "Irina te amo!" de Batistuta; éste fue el gol gritado con mayor desesperación de la historia (del Minerva).
Terminado el festejo, los 11 jugadores procedieron a meterse abajo de los 3 palos, haciendo una especie de pared humana. Un espectáculo circense bastante mejor que el del Profesor Jirafales. Así aguantaron heroicamente los muchachos del Minerva un partido que, hay que decirlo, casi pierden por pelotudos.
Pero el hombre es débil y cae fácilmente en la tentación de mirar por arriba a aquellos que no demuestran resistencia y decirle improperios a esa mina que aparentemente no está con el novio.
Y así, con una actitud beligerante y soberbia fue que se armó el equipo para disputar el partido de liga contra el Il Mato FC. Poseedor indiscutido del último puesto de la tabla de posiciones con 10 partidos perdidos, 3 empatados y ninguno ganado. 39 goles recibidos en 13 partidos. Y como si ésto fuera poco, un nombre cocorito como chumbido de pequinés. Ante esta situación, el Minerva salió a matar. A darle la estocada de gracia a este equipo que está más lejos de la punta que de la natación sincronizada.
Así fue como el Minerva se plantó en la cancha con una figura ofensiva, agresiva y díscola. Pero, como anticipando un final con inconvenientes, lo primero que hicieron los jugadores cuando salieron del túnel, fue patearle la rodilla a un asistente de Il Mato y hacerle puente chino a dos hinchas locales.
A los 5 minutos Fermin Lartaum puso el 1 - 0 para el Minerva.
El cuerpo técnico lo llamó inmediatamente a Carambatta para decirle que se viniera, que esta vez el Minerva iba a dar un espectáculo. Carambatta se excusó diciendo que no quiere más lola; que el médico le ordenó reposo absoluto, hasta que se recupere completamente del pequeño shock nervioso que sufrió luego de perder los ahorros del club apostando por el Minerva.
Tal era la alegría de los jugadores que intentaron emular a los Harlem Globetrotters y divertir a los hinchas con maravillosas piruetas. Así fue como vimos a Fermin Lartaun haciendo jueguitos con las rodillas, a Justo Che haciendo cabeza y a Joel Bastian haciendo empanadas cerca del banco de suplentes.
Después de 10 minutos de hacer estas joditas, pero no meter un gol ni por casualidad, la gente de la hinchada se empezó a impacientar y manifestar su disconformidad arrojando sus medias al campo de juego.
A todo esto, Il Mato estaba dale que dale tirando al arco y volviendo loco al arquerito Mateus (que dicho sea de paso, el "arquerito" tiene 24 años bien plantados... así que tranquilamente podemos llamarlo "arquerudo").
Pero a los 33 minutos, Silvestre Bernat del Il Mato esquivó a Leopoldo Cordarrel que estaba haciendo malabares con las canilleras y sentenció con su gol, no sólo el empate, sino un infarto de miocardio al entrenador del Minerva.
1 - 1 estaba un partido que estaba ganado desde el vestuario, un partido que se ganaba con sólo gritar un poquito fuerte.
Llegaron los 45 minutos de rigor, enviando a los jugadores a los vestuarios.
La charla que tuvo el cuerpo técnico con el Minerva es algo que no va a poder quedar plasmado en este panfleto (no por confidencialidad, sino porque básicamente eran puteadas lisas y llanas), pero lo que sí se puede decir es que el equipo salió a la cancha con la decente actitud de ganar y dejarse de joder.
Il Mato estaba caliente como pava de lata y no paraba de patear (lastimosamente) hacia nuestro arco y el Minerva no podía conectar un pase. Pese a las bajas temperaturas, los técnicos transpiraban copiosamente.
Roberto Manny parecía estar ajeno al partido y seguía haciendo vueltas carnero por la cancha, con tanta mala suerte que en una de sus acrobacias le dio de lleno con la cabeza al poste.
Entre la conmoción cerebral con la que salió Manny de la cancha y el hecho que en su lugar haya ingresado el juvenil debutante Damaso Barrionuevo, no sabíamos si pegarnos un tiro en los dientes o en las pelotas.
Eran 53 minutos y el panorama era desolador: un jugador lesionado, un reemplazo útil como una llave inglesa en un taller de ferromodelismo y un equipo contrario que estaba encendidísimo por la expectativa que le daba la cercanía de su primer victoria.
Mateus la pasó feo. Manny la pasó peor, porque apenas se despertó del porrazo que se dio, fue desmayado nuevamente por un certero derechazo del entrenador.
Y apareció ÉL. EL MAESTRO. EL MAGO. EL ÚNICO. EL MATADOR BASTIAN. Era el minuto 59 cuando medio sin querer, Joel Bastian metió el 2do. gol para el Minerva.
Exeptuando el gol de Maradona a Grecia en el ´94 o el consagrado "Irina te amo!" de Batistuta; éste fue el gol gritado con mayor desesperación de la historia (del Minerva).
Terminado el festejo, los 11 jugadores procedieron a meterse abajo de los 3 palos, haciendo una especie de pared humana. Un espectáculo circense bastante mejor que el del Profesor Jirafales. Así aguantaron heroicamente los muchachos del Minerva un partido que, hay que decirlo, casi pierden por pelotudos.


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